EBW17. Te Llevaré Siempre

Estamos casi terminando la European Babywearing Week 2017, la primera Semana Europea del Porteo y, aunque en mi planificación mental de post estaba hacer las cosas de otra manera, la realidad es que el monito me está dejando menos tiempo del que esperaba, así que he decidido “colar” esta entrada: tengo que adaptarme a lo que hay!

El lema de esta semana es “Te llevaré Siempre”, me parece precioso y que refleja no solo el porteo, sino la maternidad en su conjunto. Mucha gente por toda Europa está celebrándola de una u otra forma, y a mí me apetecía participar, aprovechando la ocasión para contar cómo llegué yo a este mundo. Ya se que casi todos lo hicimos a través de la ma/paternidad, pero cada uno hemos tenido una forma de descubrir y acercarnos al porteo. Os cuento cómo fue la mía.

No se desde cuando tengo claro que quería tener una mochila, pero sí recuerdo que estaba entre las primeras cosas que sabíamos que compraríamos: algo me decía que era práctico, y tal vez el hecho de vivir en una casa de dos pisos y no estar nada convencida de ir con un bebe escaleras arriba y abajo fuese uno de los factores que más influyó en un inicio. Lo que sí es que de aquellas, yo no había oído hablar del apego, ni creo que hubiese sabido diferenciar una mochila ergonómica de una que no lo fuese.

La cuestión es que tuve mi primer golpe de suerte en el mundo del porteo: una compañera de trabajo, una persona con la que tampoco es que tuviese mucha relación, un día me había hablado de mochilas y otras cosas. Cuando me enteré de que estaba embarazada me acordé, la pregunté, y me mencionó algunas marcas “manduca”, “ergo” o “emei”, así como una web como punto de partida.

Y yo, como obsesa de la búsqueda de información, me puse a leer reviews, comparativas, opiniones… ¿estaría por aquí si me hubiese hablado de las BabyBjör?

El segundo golpe de suerte vino cuando ya sabía qué mochila quería: una Emeibaby, me parecía que era la mejor opción del mercado para mí y, como todos los padres, para el monito quería lo que consideraba lo mejor. En ese momento no pensaba en más portabebés, pero ya los había estado viendo, conociendo… empezaba a picarme el gusanillo.

Llegado a este punto, por casualidad me cruzo un día con una vecina que había sido mamá hacía poco y le digo al papa-monito “¡mira!, esa es la mochila que quiero!”. La pregunto, y me indica la tienda dónde la ha comprado, que además no nos pilla del todo lejos… Oh La Luna ¿tengo que añadir algo más? Casi cualquiera que lleve un poco en el mundo del porteo sabe qué tienda es, y quién trabaja en ella… y yo fui a dar, sin saber quién era, con Elena López.

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Con apenas un mes. Había mucho por mejorar, pero disfrutábamos ya de nuestros primeros pasos en el porteo

Hay que decir que en nuestra primera visita ella no estaba por allí, porque estábamos embarazadas a la vez (y casi del mismo tiempo) pero nos explicaron cómo usarla, nos pasaron información de una charla de porteo, conocí el canal de YouTube…  A partir de ahí fue un “no parar”: ya teníamos nuestra mochila, aunque faltaban meses para poder estrenarla, y yo seguí mirando cosas, leyendo, informándome… entre las fiestas y vacaciones de Navidad, y que me dieron la baja justo en Enero, tuve tiempo para indagar a gusto.

 

Aprovechando las rebajas, pero con muchísimas dudas, me compré mi primera bandolera, una Ellevill Zara de la que espero no tener que desprenderme nunca. Me daba miedo tirar el dinero y que luego no fuese a usarla, y he de reconocer que estuve a punto de devolverla un par de veces. Sinceramente, tengo muchas cosas en el armario mucho menos amortizadas.

El monito nació antes de tiempo, y tardamos un poco en portearle por una mezcla de miedo, respeto, y recomendación (no se cómo de acertada) del neonatólogo. Pero también hay que decir que esas semanas las pasó prácticamente siempre encima de mí, así que tampoco hubo tanta diferencia.

Cuando ya nos decidimos empezamos cada uno con una cosa: yo con la bandolera y papa-monito con la Emei. Y sí, lo reconozco, yo también me hice fotos frente al espejo, dudando de si estaba bien colocado, con miedo de no estar haciéndolo bien ^_^

Pasaron unos pocos meses y empezó la segunda edición del reto #30días30nudos desde De Monitos y Risas, y yo, que ya le iba dando vueltas al tema, no pude seguir resistiéndome, y al final me compré mi primer fular tejido. No pude seguir realmente el reto, porque no tenía ninguna práctica sobre qué hacer con tanta tela, pero gracias a él pasé a formar parte del Ateneo de Monitos y Risas, y ahí fue cuando empecé realmente a ver no solo hasta dónde influía el porteo, sino lo que eran las Asesoras de Porteo, y todo lo que podía aprender.

Y de ahí… pues aquí estoy! Muchos meses han pasado de investigación, lectura, formación… pero también muchos meses de disfrutar del monito, de aprender con él y gracias a él todo lo que el porteo nos podía dar a ambos.

Ahora mi problema no es pensar si amortizaré un portabebés, sino tratar de no querer ninguno más, o de no poner como excusa para comprar más, lo que espero que pueda llegar a ser mi profesión algún día! Porque como dice la profe “NoEsVicioSonHerramientasDeTrabajo

Mi camino hasta aquí ha sido rápido pero intenso dentro del porteo ¿y el vuestro?

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